lunes, 2 de marzo de 2009

Las guerras de Montealegre



Con quince años se comía el fusil con los ojos. «Fui el primero que salió voluntario de este pueblo para las milicias. Me marché aTalavera de la Reina, pero era muy joven y nadie me hacía caso». Lorenzo Montealegre, de 85 años, vive su particularGuerra Civil desde un recuerdo cabal, lleno de orgullo, de miedo, de miserias, de huidas y de hambre Todavía le persigue el fantasma de la España dividida, rota por los sublevados, por Franco, por la Guardia Civil y por los curas, según cuenta. «Yo iba a defender la República», clama orgulloso setenta años después. Pero el muchacho republicano de Aldeanueva de San Bartolomé no encontraba su sitio. Llegaban noticias de que Alía, pueblo extremeño cercano aGuadalupe, «lo había tomado la Guardia Civil». Y Lorenzo seguía sin fusil. Se desplazó hasta Puerto de San Vicente a las órdenes de un teniente llamadoMoreno. «Nos reunió a unos 400 para recuperar Alía y nos dijo que sólo había 54 fusiles. Fue señalando a unos cuantos para darles uno hasta que me tocó a mí. Me preguntó: ‘¿Tú no tienes 15 años?’ ‘No, míreme usted’, le contesté. ‘Tienes 15 años’, insistió, pero me dio el fusil».

28 de julio de 1936. Las fechas las tiene bien marcadas en su memoria. Fue la primera victoria de Lorenzo, que relata el episodio emocionado, con un pellizco en la garganta. «En Alía vi una cosa que me desagradó mucho. Cuando entramos al pueblo, había 15 o 20 republicanos sin enterrar y tuvimos que hacerlo nosotros». El pueblo consiguió resistir los embistes de un tricornio desertor.
A Montealegre le impresionó eso del destino. Cuando pasó por la Estrella, a pocos kilómetros de Aldeanueva, un miliciano le mandó a buscar la comida y le sustituyó en el puesto. A su regreso se encontró al mando muerto y tendido en una camilla. «Pero el día que tuve más cerca la muerte fue también durante la guerra. Un cabo de Albacete estaba contando un chiste en la trinchera y me llamó. Cuando me giré una bala pasó rozándome la cabeza y se clavó en la pared».

"Estuve en Castuela, Extremadura y de ahí subimos aTeruel. Cuando llegamos ya lo habían tomado los nacionales. Hicimos la campaña de Cataluña, el día que llegamos nos quedamos sin RufinoNavarro, un hombre valiente e inteligente». Repasa por encima estas batallas porque le urge hablar deValentín González, alias ‘El Campesino’, un extremeño de ideas anarquistas que recorrió parte de la península mandando a varias divisiones. Uno de los héroes. «Llegamos en desbandada y nos detuvo su tropa. ‘ElCampesino’ nos organizó y nos repartió ocho bombas de mano a cada uno: ‘Cuando anochezca tenéis que tomar la cota de los Almendros’, cerca del castillo de Lérida». Montealegre achina los ojos recordando el momento. Los milicianos, bajo las órdenes de dos hombres de confianza de‘El Campesino’, se arrastraron por la tierra y lanzaron las bombas con tanta suerte «que cayeron todas dentro de la trinchera», donde murieron treinta o cuarenta ‘enemigos’. «Vi tres panes al lado de una ametralladora. Llevaba dos días sin que me diesen suministro y tenía tanta hambre que me comí uno y medio».Una anécdota que recuerda con poco gusto. «Un compañero me preguntó qué comía y repartimosel resto entre unos cuantos. Cuando llegó ‘ElCampesino’ me felicitó. ‘¡Chócala, muchacho, así luchan los hombres de ‘El Campesino!’ Lorenzo se incorpora del respaldo y se pregunta y se responde haciendo gestos teatrales. El recuerdo le llena de orgullo, aunque lo que sigue le llenó de envidia: «‘ElCampesino’ nos reemplazó, nos llevó a la cocina y dio orden al cocinero para que nos diese salchichón, chorizo, carne... ¡Había hasta chocolate!"...

Una vez estuve tendido en el suelo mientras me apuntaban con dos ametralladoras. Pasémás de veinte minutos sin moverme, pensando que la única escapatoria era salir corriendo y alcanzar la trinchera, que estaba a ocho metros. Al final salí corriendo. Al saltar dentro me pinché en un codo con la bayoneta de un compañero, así que estuve tres o cuatro días en la enfermería».

En Francia. «Los franceses, con razón o no, nos trataron muy mal». Lorenzo pasó la frontera
y fue agrupado en un campo de selección, a cien kilómetros de los Pirineos. «Nos hacían pasar un
hambre terrible. Dormíamos en barrizales porque las barracas estaban mal montadas y se inundaban. En otros campos tenían más suerte, según me contaba Isidro y otros compañeros por carta. Dependía de quien mandase en los campos, en el de ellos tenían ideas liberales. En el mío había un noble francés amigo de Franco».

Lorenzo quería llegar a México, pero sabía que no tenía posibilidades, y decidió enrolarse en la legión. En el campo donde se formó como legionario había unos 300 españoles y de otras muchas nacionalidades, pero vivían agrupados y separados según los países. A Lorenzo le viene a la memoria otra trágica fecha: 2 de septiembre de 1939. Se equivoca por un día, cuando los franceses le declararon la guerra a Alemania. Fue el 3 de septiembre, después de que Gran Bretaña y Francia exigieran a Hitler la retirada inmediata de sus tropas del país polaco, la primera víctima de una guerra relámpago y de su revanchismo triunfalista. Meses después, en 1940, el ejército germano lanzó una ofensiva contra Francia, ocupando en poco tiempo buena parte del país. El 26 de mayo de ese año, Lorenzo Montealegre cayó en las redes alemanas, justo a las 4 de la tarde. «Me cogieron en Saint-Quentin. Me reventó una bala explosiva en el casco. Ese día me hicieron prisionero junto a otro legionario de Barbastro». En seguida les pidieron los papeles. Montealegre ya se sabía la historia y había tirado por ahí su cartilla, pero su compañero no. «¿Cómo se te ocurre?, le dije. Uno de los mandos alemanes cogió la cartilla de Julián y leyó: ‘Voluntarios por lo que dure la guerra en contra de Alemania’. ¡Vaya canallada nos hicieron los franceses poniendo eso en las cartillas!» Ambos terminaron en un hospital. «El médico vino a
ponernos una inyección y el compañero de Barbastro medijo: ‘¡Montealegre, nos están matando, que he oído que los alemanes matan así!’ ¡No seas idiota, esto vale mucho, si nos quisiera matar nos habrían pegado untiro que es más barato!’». Esa fue su última conversación. A Lorenzo le deportaron aAlemania y Julián se quedó en la Francia ocupada.

Etapa alemana. «Me llevaron como prisionero a Alemania y estuve 42 meses en pueblos
de la frontera con Polonia... En mi barracón éramos treinta. Por las mañanas venía un centinela
y gritaba para que saliésemos. Pasábamos el día trabajando y por la noche pasaba lista y nos dejaba encerrados hasta el día siguiente».

Tras veinte meses en un aserradero, Lorenzo trabajó para un comisionista, repartiendo por el pueblo los paquetes que recibía de los negocios. Iba y venía a la estación y recuerda que fueron unos meses tranquilos, aunque nunca olvidará el día que vio bajar de cuatro o cinco vagones a muchas mujeres y niños. «Iban descalzos y el suelo estaba nevado. Era como una columna ambulante demuertos». No supo de dónde venían, pero aventura que eran alemanes que vivían en Polonia. «Hicieron un campo para ellos». También fue testigo del horror de aquella gente. «A su paso por el pueblo se abrieron muchas puertas y ventanas. La gente les insultaba».

«Al principio nos daban de comer todas las patatas que quisiésemos, pero luego sólo siete al día, y te salían algunas malas». Lorenzo llevaba muchos meses ya hablando alemán yen una tierra demasiado fría. Trabajaba como panadero cuando un día se dio una vuelta por la estación y se encontró con un cargamento de patatas. «Las pommes de terre iban para Francia». No se lo pensó. Por la noche le comentó la jugada al resto de compañeros. Sólo dos franceses le acompañaron en su huida. «Esperamos a que el centinela pasase revista por la noche y nos escapamos porque sabíamos abrir las puertas. Nos escondimos entre las patatas de uno de los vagones. Pensamos que el tren saldría a las ocho de la mañana, pocas horas después, pero lo hizo a las cinco o seis de la tarde del día siguiente. Creí que nos pillarían». Montealegre y sus dos compañeros pasaron 11 días escondidos. El tren paró en un pueblo al norte de Francia el 21 de octubre de 1943. Sobrevivieron gracias a las patatas. «Me gustan mucho, las creo mis salvadoras.
Nos las comíamos crudas y aprendí a distinguir calidades. Las que tenían una veta azul las guardábamos para el postre..."

(Lorenzo Montealegre me contó su historia una tarde en Aldeanueva de San Bartolomé. Se publicó en La Tribuna de Toledo el 14 de mayo de 2006. En la actualidad vive en Venezuela)

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